domingo, 17 de junio de 2007

Apuntes: aeropuertos

Me gusta esperar en los aeropuertos, siempre que puedo llego unas horas antes que salga mi vuelo, me siento por ahí y me dedico a esperar, a sentir esa espera angustiosa, esa espera que anticipa algo. Ahora estoy esperando en Guayaquil, el malestar causado por los tragos de ayer todavía me produce pequeños escalofríos y sobresaltos, aún así estoy de buen ánimo; incluso el miedo que suelo experimentar cuando estoy próximo a subir en un avisón se está disipando. Debido al inesperado entusiasmo decidí comprar una revista y leerla tomándome un café. El mesero me trae la orden, un expreso doble, huele delicioso pero el sabor deja mucho que desear y yo pienso resignado que no se puede esperar más de una cafetería de aeropuerto. Ojeó la revista y busco un artículo que me llame la atención, nada interesante, enseguida echo de menos los diez dólares que gasté; nuevamente culpo al aeropuerto. No se puede esperar más de un lugar que clasifica a sus visitantes en función de su destino, un espacio que convierte la existencia en mero porvenir. Frente a mi se encuentran decenas de personas jugándose ese futuro. Gracias a la estupidez de pocos, en este país la mayoría de gente que espera en los aeropuertos está a punto de usar un boleto cuyo pasaje de regreso perderá, pero que compraron para conseguir la visa. La despedida marca la espera de este tipo de viajante. También están los turistas, la forma de caminar y vestir permite intuir su procedencia antes de escuchar sus conversaciones; aunque debo confesar que en el caso de los asiáticos no logro establecer diferencias, me consuelo recordando que en Estados Unidos yo era mexicano. El signo del turista es la indiferencia. Finalmente, están los viajantes consuetudinarios; ejecutivas y ejecutivos que han dejado de esperar, el aeropuerto es parte de un día a día lleno de dinero, poder y contaminación. Debería crearse un impuesto a la polución que produce este animal económico que viaja para acumular más dinero, poder y dióxido de carbono, pero en lugar de eso, la estupidez capitalista de las aerolíneas los premia con millas que seguramente canjearán con más viajes innecesarios. Muy a mi pesar, escucho Quito entre cientos de palabras escupidas por la indescifrable voz del altoparlante, me levanto y entro a la sala de espera. Me gusta la sala de espera, todos estamos asustados, bueno no todos, porque para el viajero de negocios la espera nunca transmuta en algo

miércoles, 6 de junio de 2007

Anuncio

Para ETNOGRAFICAS es un honor contar desde ayer con una de las mentes más ágiles y sofisticadas de la filosofía ecuatoriana. La Bota con Gatos será de ahora en adelante un traficante más de este espacio virtual.

BIENVENIDA MANABA

Hasta hace no mucho tiempo cruzar el charco era una de esas certificaciones sociales de elevado estatus: se iba a Europa a estudiar en el colegio pagado por los papis, de turismo a Paris y Venecia, o hasta quizas estudiar una de esas maestrías en desarrollo que debemos todos agradecer a la reforma educativa francesa. Este no es el caso de Daniela Gaviria, manaba, jipijapense, bebedora de cerveza, lectora apasionada de toda esa literatura norteamericana de adentro (Vonnegut, Auster, Kennedy Toole), escritora, bloggera antigua y preparadora de la mejor sal prieta que he probado en mi vida. En realidad no sé que carajos hace allá y a lo mejor ella misma también se lo pregunta. En todo caso inauguramos nuestra corresponsalía en europa con un artículo destinado para nuestra fetal revista Ultimatum, contestación a esa porquería revista reaccionaria Vanguardia.

BIENVENIDA MANABA
Pequeña crónica sobre epifanías en la mañana
Por:
Daniela Gaviria Orlando
Corresponsal En Europa de Etnográficas

Los movimientos migratorios, es evidente, han cambiado. Aunque exista el que diga que el mundo no ha cambiado nada y ese que lo dice es el Mayor Tom, el de la canción de David Bowie. Que ha viajado tanto y que se siente muy quieto, pero bueno Mayor Tom le informo que usted no viajó alrededor de la tierra sino de espaldas de ella y usted está lejos, lejísimos, y tiene una abstracción maravillosa para alguien como Borges o algo así. Ahí usted podrá decir que todo sigue igual. Pero ya que nosotros, que estaremos atrapados en la nave de las horas hasta el día que nos muramos, tenemos otra suerte y usted es para nosotros un anti-héroe; quizás sería usted feliz en Barcelona, que está siempre de viaje.

Los límites de la hora correcta del desayuno podrían ser polémicos. Sobretodo para los que la anatomía y las formas del cuerpo no son más que un grupo de leyendas que hemos ido adquiriendo por el ya conocidísimo miedo a morir de un zopetón.
Los desayunos son mi comida favorita, me gusta mucho cocinar, así que lo natural sería que prefiera la cena o el almuerzo. Pero a mi me encantan las mañanas, es ahí cuando uno busca excusas para muchas cosas; por ejemplo: eran las dos de la tarde y yo batallando con las migajas de un croissant y me di cuenta que estaba desayunando y que a pesar de lo dogmaticos que son los relojes, yo estaba desayunando, me di cuenta de la magnitud de los días, vi su forma claramente. Estas epifanías, solo suceden en las mañanas, así sea madrugada pero solo en el desayuno. Que te des cuente que la medida del día no tiene mucho que ver con las horas es una de esas cosas que te impulsa a un cuaderno, el teléfono, tu blog, tu hi5, my space y testimoniárselo al mundo. Hoy lo vi, al fin lo vi chucha, estaba masticando mi desayuno a las dos de la tarde y me di cuenta, ¡¿cómo pude ser tan idiota?! : El tiempo no existe.

Esta ciudad tiene la manía de regresar al centro, es como que la plaza Cataluña fuera un caño abierto que nos chupa a todos en remolino. Todas las líneas del metro van hacia allá, todos los buses, las carreteras, los trenes del valle, todo de alguna manera está hecho para que esperes unos cinco minutos a alguien ahí. La mayoría del tiempo tienes la voluntad de no regresar a la orilla, y ser más local. Al menos uno puede llegar a pensar que se es más local mientras menos se necesite el centro. En Barcelona mi búsqueda consiste en caminar por todo lo que pueda buscando lugares que no sean lindos y dejar de sentirme como una turista que perdió el avión meses. Empresa que resulta imposible cuando en Gracia a media cuadra de la parada Joanic, plena luz del día, veo como unos punkeros okupas cantan a voz en cuello, muy borrachos, lo juro: una ranchera. ¿Cuál? no se, pero tenia la tristeza de ranchera y eso es tan particular que es inconfundible y van a tener que creerme; porque estaban todos con las cabezas asomadas a las ventanas (eran unos cinco) en un segundo piso de una casa antigua, asomados como que si la casa fuera un carro que va a mil ciento veinte millas por hora de espaldas a la tierra.

Y es que aun no entro ni al portal de esta ciudad así que me porto valiente y me voy a la balmes a un bar administrado por ecuatorianos, a que me sirva los tragos alguien que trabaja todos los días mas de diez horas, una persona para la cual yo no sea una molestia sino que no sea nada y la jarra de agua valenciana que me sirva no tenga ningún significado, necesitaba esa clase coherencia. Esto de que los inmigrantes trabajan mucho podría ser cierto sino fuera por mí, esperando tener papeles de algo y poder ser una persona decente no esta turista, nadie quiere a los turistas. En Italia y Estados Unidos (me cuentan ahora que en Ecuador también) no se puede fumar en los establecimientos muy cerrados, en España esto aun es una ingenuidad así que en media hora me bebo tres jarras y me fumo cinco cigarrillos. Desayuno de campeones, nada de anfetaminas ni de rayas, esas cosas, mi querido, te ponen muy cerca de dios y nosotros las forasteras tenemos un miedo de no llegar a nuestras casas porque luego si dormimos en una acera la violación será nuestra culpa y la calle le perdona tantas cosas a tanta gente pero cuando no perdona es una pobre hijadeputa. Mujer tenías que ser, así le grite yo a la acera. Estaba visiblemente borracha.

Por la rambla del Raval descubro que he cambiado, que esta rabia antes no la tenía y recuerdo a un flaco que se llamaba Alessandro, un Yoda siciliano. Nos fuimos un día a su casa a tomar unas cervezas en Catania y ahí luego de su tercer porro me quedo viendo y me dijo, vos eres latinoamericana y yo le dije que si. Me lo dijo con el vos, su italiano isleño marlonbrandesco se había transformado en el Español de un porteño (de Buenos Aires JA) perfecto. El hombre había vivido muchos años con argentinos y me lanzo un discurso que no recuerdo bien pero que me impresiono porque empezó con algo así como: “si si nos quejamos mucho” y yo, ya saben con la cara que se pone cuando nace una coincidencia “SIII”. Europeos chillones, así molestaba a mis compañeros de casa italianos, les decía todos son unos chillones porque de ahí el resto era asiáticos y a esos se los puede joder de todos menos de chillones. Alessandro sin camiseta y con miles de referencias históricas me explico que nosotros no habíamos vivido guerras mundiales y la iluminación y el renacimiento y que ahora todos los europeos están tristes, nosotros no entendemos eso así que mejor no me burle de mis amigos.

Pero fue dejar Italia tener otra cosa más por la cual sentir nostalgia, tres jarras de agua valenciana, seis latas de cerveza compradas a los Pakis que se paran en la Rambla del Rabal y ver esa escultura gigante que no se bien que es, quizás sea un gato, hecha por el Botero, o con la estética del Botero y sentí rabia pura, me di cuenta que estaba triste y que los días también son la noche y que la noche es peor que un laberinto porque es tan abierta y ancha, como los desayunos, a lo mejor es porque es exactamente lo que viene antes de los desayunos. Lo peor es que borracha ya no puedes hacer nada con las fuerzas de la gravedad ¿cuanta gente ha visto mareada la plaza real?. Ya estaba yo ahí luego de que mi panita esa noche reciba una multa por orinar en las calles. La meada más cara de la cual he sido testigo, es chistoso y todo en honor a las buenas costumbres, pacto social, para que todo esto no se desmorone.

Entramos a un bar que se encontraba en el segundo piso de una casa ahí en la plaza real, donde canta Calamaro todo lo demás (para que nos sintamos parte de algo la tarareo siempre que ando por ahí) y yo estaba triste en un bar de segundo piso donde encontramos más gente lindísima, en la fila para ir al baño me digo que en Ecuador yo hubiera visto una camiseta como la que tenía la chica de adelante y me hubiese dado tanta vergüenza usarla y es que yo soy tan acomplejada, pero ahora quien sabe, hasta la usaría porque vivo en Europa y estoy borracha en la plaza real, hasta puedo hacer como esa noche en Catania y decir que soy latinoamericana y escritora y podré liberarme de mis prejuicios contra los gorros , en invierno está bien usar sombreros y bailar música que siempre considere insensible ese drum and base industrial escaso de borracho y repleto de químicos. Alzo las manos porque estoy segura que va a reventar esta canción que nunca había escuchado en mi vida y que en ese momento es mi himno. Que se vea a la forastera mutada entre la gente al filo del abismo. Siempre me ha gustado bailar, antes nomás no lo hacia tanto porque una pista de baile era una cosa que había en ciertos lugares y nada más, no como desde hace un buen tiempo que es una zona franca. Es que cuando veo el ancho de los días pienso en la libertad y pienso en la nada, a veces son la misma cosa, pero no se presentan al mismo tiempo. Aquí en la pista no soy ecuatoriana. Me canso de ser latinoamericana, no quisiera ser española solo no quisiera ser extranjera que cualquier palabra trace un curso largo y cansado de cada paso que ha dado cada cojudo. Que John Lennon se levante de su tumba y nos diga War is over if we want to, ahí es que alguien me toca el hombro y me dice que debemos irnos porque ya se acaba la cosa en ese bar y a buscar otro. Yo pienso: viste John, los humanos no queremos que se acabe. Tenía un whisky en la mano así que se me ocurrió la brillante idea de metérmelo al bolsillo del saco largo que cargaba, en frente de los señores de la puerta, así que estaba yo en fila para una “escena” me pararon tres tipos de los cuales no recuerdo la cara y me dijeron que regrese el vaso. Esa resulto ser la gota que derramo el vaso. ¿Qué poético no?

Entonces esto es lo que sucedió nada que al resto de personas les parezca extraordinario, una cosa normal. Me cabree y les empecé a gritar cosas sobre Nietzche y sobre Charly Garcia. Y me di cuenta que no soy una sudaka y epifanía de nuevo de mañana. Quería ver si existía la xenofobia, si que existe, todos aquí tenemos una historia de eso y la contamos cuando ya estamos medio en confianza y encontramos a otro extranjero del sur como nosotros, la cosa es que me di cuenta esa noche que yo pretendía robar de ese bar y que sentí rabia y cobardía, y que no había nadie más involocruda en el baño de sangre que es no comprenderse que yo misma, la que gritaba aforismo en el pasillo de las escaleras. Ya saben luego tenia vergüenza pero ya había sido esa persona. No quiero ser una victima, no quiero que me digan pobrecita. Mi vida en el abismo de Barcelona es como las vidas de todos igual de absurda e incomprensible. Lo que pasa es que a veces somos unos pelmazos, ese es el peligro del porte amplio e inagotable de cada de los días, lo que podemos hacer prisioneros o libres.

Suena una música con tambores, es fantástico aprender un idioma, el catalán por cierto los latinos (digo todos en general: hispanoamericanos, italianos, españoles, rumanos, portugueses, brasileros, etc) le tenemos miramientos, y los catalanes lo hablan con necedad pero yo los entiendo. Lo tienen que hablar porque en su ritmo, cortado y duro, en esas equis y esas jotas sonoras y esas palabras sin enes al final, está el orden que llevan todos los edificios que están llenos de ventanas en esta ciudad. Me pregunto donde estará el telón de Barcelona, cada cuando lo mueven, desde mi casa no se ve el mar, pero cada vez que suenan los tambores y suenan mucho, se que Barcelona está bien, el miedo no es una cosa española ¿no? solo que nosotros a lo mejor no podemos olvidar tampoco la historia la que nos enseñan allá en cualquier Guayaquil, nos jodieron, o a lo mejor nos jodimos. La línea no existe es la verdad, en el backstage catalán me dan la bienvenida a este espectáculo, todos vienen por alguna razón; yo colecciono motivos, pero cada vez que suenan tambores me acuerdo de mi natal Manabí y es ahí que sé que somos desertores del paraíso.

martes, 5 de junio de 2007

Impresiones: Jorge Ortiz

Primero les pido que cuelguen sus comentarios en ETNOGRAFICAS y no los envíen a mi mail. Esta solicitud no responde a la democrática convicción sobre la importancia de sus opiniones, sino a la escrófula vanidad del administrador de la página que requiere ser alimentada diariamente.
En esta ocasión voy a escribir sobre Jorge Ortiz, tema espinoso con el que espero dejar clara mi posición frente al anodino debate sobre la libertad de expresión. Las impresiones que siguen están basadas en una fugaz y poco apreciada libreta de campo realizada durante una peligrosa incursión etnográfica en la agreste y putrefacta selva mediática de la televisión ecuatoriana. La necesidad de recopilar datos de primera mano, me obligó a pasar por la aburrida e indignante experiencia de ser un televidente más del programa “Este Lunes”.
Metodológicamente, los criterios de observación escogidos en esta ETNOGRAFICA responden a las características del objeto de estudio. Jorge Ortiz es un periodista pequeño física y mentalmente; por lo que el análisis discursivo requiere un visión microscópica; es decir, además del contenido de sus preguntas retóricas y sus mañosas alianzas con los entrevistados durante el programa, se debe prestar especial atención a los gestos con los que pretende simular sospechas, dudas o simples y llanos disgustos. En términos técnicos la primera arista etnográfica se concentra en la perfomance del salvaje metropolitano bajo estudio. Además de los matices relacionados con la corporeidad del objeto investigado, Jorge Ortiz exige tomar precauciones extremas a la hora de aventurar cualquier traducción cultural; el investigador no puede dejarse llevar por las tediosas divagaciones del presentador porque se corre el riesgo de darle una voz inmerecida a quien encarna el abuso de la opinión pública. Finalmente, la metodología toma en cuenta la puesta en escena, no porque la tramoya del programa merezca una consideración estética especial, sino porque el uso del espacio es parte constitutiva del objeto de estudio. Si las muecas de Jorge Ortiz son su mal leche y mala conciencia hechas cuerpo, el escenario de Este Lunes es él hecho cosa. Como antecedente al análisis, en la página web de Teleamazonas, el canal del banquero Egas, se anuncia el regreso de Este Lunes.
Además de la pobreza publicitaria, el anuncio no informa debidamente que el programa Este Lunes vuelve al aire más tarde que nunca, tal vez para competir con Pare de Sufrir. Yo honestamente prefiero ver incrédulo a los estrafalarios brasileros manabitas exorcizando a diestra y siniestra a cuanto mortal encuentran en la calle. Tampoco informa esta página que el primer día que Ortiz salió del noticiero éste subió 4 puntos. Pero más lamentable aún es la candidez con la que la productora enlista los segmentos del programa: “Las imágenes hablan, El tiempo es oro, El espejo, entre otros”, los que se parecen bastante a los concursos de Chispazos: Baile salsa, Suba la resbaladera, Trépese al palo encebado, entre otros.
A mi pesar, en el emisión del 4 de junio Ortiz no hizo concursar a nadie en sus divertidos juegos seudo sicológicos, ni siquiera tuvo un tema de discusión definido. Los invitados hablaron de todo y de nada. El diputado González estaba indignado porque no se cumple la ley y desde su punto de vista se ha puesto de moda hacer apologías del delito refiriéndose a los videos del ministro de economía Patiño; González iracundo se preguntaba sí estaría bien hacer un elogio a la cocaína porque es rica. Cuando González terminó de hablar, Ortiz se cuestionaba socráticamente por el carácter dictactatorial del gobierno y así preguntó a sus invitados quién se atrevía a opinar sobre su iluminada intervención. El ex ministro Borja comenzó a hablar sin saber muy bien que decía; de pronto el tema pasó de las negociaciones filmadas por un godito desconocido contratado por un asesor del ministro de economía, quien resultó ser un sapo, al buen manejo ministerial de Borja, bueno creo que ha sido ese guambra, incluso Gallegos, el tercer contertulio, aseguro que votaría por él para la asamblea. Precisamente fue Gallegos quien recibió la mayoría de dardos venenosos de Ortiz, el resto le llegaron a González por estar afiliado a la ID (Izquierda Dietética). El grosero de Ortiz le gritó a Gallegos, le dijo loco, le mandó a callar y para colmo cuando el invitado le entregó una pequeña carpeta, este periodista de pacotilla confesó que se demoraría en leerla porque “son muchos papeles”. El ultimo invitado era Pablo Lucio Paredes, pero aquí si se cumple el dicho cristiano que los últimos serán los primeros, porque el impresentable de Paredes se pasó el programa afirmando y reafirmando sin que nadie le contradiga que la salida de la crisis que atraviesa el país está en crear competencia, dejar al mercado que haga su trabajo y que el estado debería concentrar sus esfuerzos en construir institucionalidad; termino que para este economista significa reglas de juego basadas en el postulado liberal dejar hacer y dejar pasar, que por cierto es más antiguo que las propuestas marxistas que Ortiz tanto odia. Enano infeliz. También quedó claro que los enemigos de Paredes son los Sindicatos y sobre todo las radios que los defienden. Por eso nunca será invitado a Radio la Luna señor Paredes.
Además de los ya clásicos insultos al gobierno, Ortiz aprovecha toda oportunidad para ironizar sobre cualquier postulado de izquierda, parecería que su animadversión hacia el marxismo tiene un trasfondo siniestro que trasciende las meras cuestiones ideológicas. Para Ortiz es imposible discutir políticamente sobre la izquierda porque es un proyecto caduco y anacrónico; el pobre imbécil no entiende que el pensamiento no es una sucesión lineal de ideas y que la historia de los conceptos no es semejante a la vida de su mascota. Ahora bien, escuchar las barbaridades de Ortiz es perder el tiempo, mucho más interesante es observar el uso que hace de su cuerpo para burlarse, desacreditar y despreciar no sólo la opinión sino la existencia de sus interlocutores. A lo largo de una hora de programa el señor Ortiz se pasa moviendo las manos en forma exagerada e hipócrita. La conocida posición con la mano en la quijada y el dedo a medio camino entre la boca y la nariz le sirve para simular la atención que no presta. Los círculos con las manos abiertas hacia fuera, parecidos a los de Karate Kid, le ayudan a enfatizar su asombro ante las estupideces que, a su criterio, dice el invitado. La mueca compungida en la que pareciese que eructa después de pegarse un caldo de patas, es usada para connotar incredulidad. El repertorio histriónico de Ortiz es mucho más extenso, sin embargo, prefiero no continuar porque poner en palabras su perfomance gestual me está afectando sicológicamente. Finalmente, se debe prestar especial atención al plató en el que se realiza Este Lunes. Toda la escenografía gira en torno al cubo rubik, ese famoso juego mecánico tridimensional inventado por el escultor y arquitecto húngaro Ernö Rubik. Supongo que a algunos la idea les parece ingeniosa, pero no se dejen engañar, la idea no es de Ortiz, es de un amigo mío que a falta de trabajo en sociología le toco redactar los guiones del programa, que por cierto Ortiz nunca leyó. Lo que si es muy Ortiz de la puesta en escena es que el famoso cubo se tiño completamente de azul, ese azul celestial y conservador que Ortiz tanto venera. Solo a un imbécil se le puede ocurrir despojarle al cubo rubik de la única clave para resolver el juego: LOS COLORES. Por lo menos era que jueguen con diferentes tonalidades de azul. No voy a concluir estas impresiones porque si bien me he propuesto abandonar el tema de la libertad de prensa, siempre es reconfortante revisitar el tema Ortiz y darse cuenta que la estupidez si es patrimonio de unos pocos.

domingo, 3 de junio de 2007

Opinion: de politicos y periodistas

Me animó a escribir sobre política a pesar de la idiotez que ha colonizado la totalidad de los minúsculos y endebles espacios públicos existentes en el país. Esta situación me obliga a usar cualquier recoveco comunicativo para dar una opinión; aunque en esta lógica de zaguán no queda más que esperar la presencia de algún ingenuo que, al igual que yo, todavía crea que la discusión es una alternativa valida para intercambiar ideas, saberes o por lo menos miserias humanas. Antes de continuar es necesario que aclare mi posición respecto al principio de libertad de expresión.
Como todo otro principio considero que la libertad de expresión no es más que un enmascaramiento de las violencias que organizan la palabra en sociedades basadas en el monopolio económico de los recursos materiales y simbólicos. Tampoco creo en la reivindicación populista de una supuesta comunicación moralmente pura que no busca otra cosa que disciplinar el carácter hedonista de hablar por hablar; es decir, hablar porque se puede o hablar porque se quiere. Finalmente, estoy en contra de la propiedad “privada” de los medios de comunicación en cualquiera de sus manifestaciones, no me interesa sí el dueño es un avaro capitalista o un estado debilucho.
Hay dos episodios a los que me quiero referir. El uno es la famosa cadena radial del Presidente Rafael Correa, en la cual expulso al periodista del Universo Emilio Palacio. El otro es el cierre de la cadena de televisión RCTV en Venezuela. En ambos casos me parece que se evidencia la naturaleza ilusoria de la libertad de expresión, ambas situaciones muestran la mala conciencia de intenciones de controlar y dominar la palabra pública.
Hace una semana el presidente de Ecuador, después de varias intervenciones, paradójicamente mediáticas, en las que acusaba a los periodistas de mafiosos y calumniadores, convocó a un debate sobre la libertad de expresión en el palacio de Carandolet. Como era de esperarse uno de los invitados, herido en su orgullo profesional, se dedicó a provocar al presidente para convertirse en el héroe griego o el mártir cristiano, según el gusto, de un gremio venido a menos y sumido en una profunda crisis existencial, sino pregúntele a cualquiera de ellos cual es la diferencia entre un comunicador y un periodista. El presidente con ese estilo político tan particular expulso del Palacio a Palacio. No podía esperarse menos de una cultura política heredera de una modernidad católica encarnada en García Moreno, una izquierda creyente y homofóbica recientemente liderada por intelectuales orgánicos desencantados del Banco Mundial y una tradición de elites racistas e ignorantes acostumbradas a vivir de la explotación y el chisme parroquial.
Las lecturas del incidente han sido limitadas y limitantes; estás a favor del presidente o estás a favor de Palacio, eres de izquierda o eres de derecha; en la estupidez de Ortiz estás a favor de la tiranía o a favor de la libertad de presa y en la retórica del gobierno apoyas al Estado o apoyas la empresa, te identificas con una cambio que por cierto tiene un tufo reformista o abrazas la dominación de la oligarquía. Todas estás dicotomías son las que estructuran cualquier discusión en torno a un tema que a mi entender es una soberana imbecilidad. ¿Por qué tenemos que tomar partido por un bando al que no pertenecemos? Para los que formamos parte de los ciudadanos de cédula qué importancia tiene quien logré imponer su prepotencia y soberbia, recordando a Pancho Jaime cuando fustigaba a la televisión, qué chucha me importa a mi que pase con la televisión sí para salir en ella tengo que hacer el ridículo bailando en A Todo Dar o matar a mi mamá con el cepillo de dientes para estar en la portada del Extra.
Lo que me interesa a mi es que existan condiciones para encontrarme con otros vagos como yo y hablar hasta que me aburra sobre cualquier tontera que afecte mi vida diaria; lo que necesitamos es más espacios públicos donde conocer y reconocer a gente como nosotros, victimas de la pasividad a las que nos someten sociedades espectaculares. En mi opinión, pueden matarse por el monopolio de la comunicación, sea quien sea el dueño igual me van a joder sistemáticamente con la basura mediática y la miseria cultural que se produce alegremente en este país.
Esto me lleva a la segunda batalla por la libertad de expresión. Hoy dejó de trasmitir RCTV porque el presidente Hugo Chávez no extendió la concesión de la frecuencia pública con la que salían al aire. A sabiendas que voy a ofender a algunos impolutos televidentes, yo me alegro que hayan cerrado ese canal porque son los responsables de programas como la Guerra de los Sexos; pero no puedo negar que me conmueve ver a sus funcionarios cantando Cuando un Amigo se va de Alberto Cortez, momento en el que tengo que confesar que mi mal gusto musical es responsabilidad de mi papá, quien me obligó a escuchar desde niño ésta y otras muchas más cursilerías por el estilo.
Ojala que el nuevo canal no haga novelas, porque en mi caso el culebrón venezolano de bajo presupuesto es el culpable de todas mis sospechas hacia las mujeres y de mi infantil anhelo de enamorarme de la empleada. Sí Chávez no se convierte en productor de telenovelas creo que ya es un gran aporte a la cultura Latinoamericana. Ahora bien, si el nuevo canal insiste en una agenda de producción televisiva orientada a preguntarnos Quien quiere ser Millonario o convencernos que la vida se resuelve en Topacio, Cristal, Roberta o un noticiero sensacionalista, entonces espero que también lo cierren.